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Cuando la Compañía Británica de las Indias Orientales empezó a importar té en 1664, se veía como una hierba casi mágica. Con la industrialización, el clásico té negro, mezclado con leche y azúcar, se convirtió en uno de los símbolos de Reino Unido.

Para muchos obreros urbanos el brebaje era una potente fuente calórica que sustituía a la cena caliente y, aún hoy, decir té equivale a “cena” en muchos hogares ingleses.

Pero los días de gloria del té negro han quedado atrás. En la última década Reino Unido ha bebido un 2,1% menos de esta variedad, y se espera que la cifra siga bajando en los próximos 10 años. En general, cada británico bebe hoy un 23,8% menos de té que hace 10 años. La gente pide otra cosa.

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